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Cartas al director
/ 1/09/2010 (09:22 h.)
El que hizo la Ley, hizo la trampa
VICENTE GONZÁLEZ ROSALES
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El día veintinueve del pasado mes de abril, me asomé a las páginas de este periódico digital con un comentario titulado “Esperpéntica decisión” en el que me refería a la forma en que se me había cambiado el médico de cabecera en la Seguridad Social.

Hoy vuelvo, para contarles las peripecias que he pasado para recuperarlo, en la creencia de que me amparaba la Ley 11/1994, de 26 de julio, de Ordenación Sanitaria de Canarias, merced a la cual, nuestros políticos no se cansan de repetir que los canarios tenemos derecho a la libre elección de médico de cabecera.

Craso error. Desde el pasado mes de abril a esta fecha, mi reclamación, y con ella yo, hemos pasado por la Dirección de mi Centro de Salud que nos remitió a la Gerencia de Atención Primaria, Unidad de Atención al Usuario, que ante su silencio, llevó nuestros pasos a la Oficina de Defensa de los Derechos del Usuario Sanitario, desde donde pasamos al Servicio Canario de Salud y luego a la Conserjería de Sanidad. No podrán decir que no he seguido estrictamente el orden jerárquico.

Lo único que conseguido hasta ahora es un escrito de la Gerencia de Atención Primaria donde me comunican que se han puesto en contacto con la Dirección del Centro de Salud para tramitar mi reclamación. ¿Se dan cuenta ustedes? Después de cuatro meses volvemos al punto de partida.

Pero claro, a mi se me había pasado por alto leer el texto de la Ley 11/1994, confiado en que, como estamos cansados de oír, el canario tiene derecho a…. Me puse a su lectura cuando un letrado de la Gerencia de Atención Primaria le hizo saber por teléfono a la funcionaria que me atendía que el derecho a la libre elección de medico de cabecera no tiene carácter absoluto sino relativo, ya que está sujeto a los condicionantes que se recogen en el artículo 7 de la referida Ley.

Llegados a este punto, me voy al texto de la Ley para ponerme al día y me encuentro con la sorpresa de que en el apartado a) del referido artículo 7 se recoge textualmente que “efectuada la libre elección Y aceptada por el facultativo, la Administración sanitaria viene obligada a la adscripción del ciudadano a su médico, sin más limitaciones que las que se establezcan para garantizar la calidad asistencial”

¿Ven ustedes donde está la trampa? Como la Ley no está desarrollada todavía por sus correspondientes reglamentos en la práctica no es el paciente el que elige a su médico, sino que es este el que elige a sus pacientes, y así debe de ser pues este el muro en que he venido tropezando en todos los departamentos por donde he pasado. Si el médico no la acepta en su cupo, no hay nada que hacer.

Pero, por si esto fuera poco, el letrado de Gerencia de Atención Primaria, manifestó por teléfono a la funcionaria que me atendía, que las limitaciones al derecho de elección de medico aparecía recogidas en el apartado c) del articulo 7, que con sorpresa comprobé que estas se referían a la elección, previa libre indicación facultativa, de centro o establecimiento sanitario..

Como lo he vivido personalmente, puedo decir que, efectivamente, la libre elección de médico de cabecera es papel mojado, ya que el primero y principal condicionante para que surta efecto es que el médico acepte a este paciente en su cupo, de lo contrario, ya puede ir a quejarse al maestro armero que no lo conseguirá., porque, repito, es el médico el que tiene el derecho a elegir a sus pacientes y no a la inversa.

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22:32 h. - 2/09/2010
De:
PICAPE

O sea, que uno quiere conservar el médico de cabecera, bien por su profesionalidad, trato humano, afabilidad y sobre todo resultados. Pero la dichosa Ley no solo no comtempla este deseo del paciente, si no que el facultativo es quién elige a sus enfermos. Con la lista en la mano, este doctor irá analizando los pormenores de sus pacientes y los va eliminando."Este es un quejica que viene dos veces por semana diciendo que le duele aquí; este otro me reprocha el que no le prescriba más pastillas; aquél (que no tiene nada) está casi siempre en la sala de espera, saturándola, en vez de quedarse con la parienta viendo a Belén Esteban..." Cuánto añoro aquellos tiempos, sencillos como la vida misma, en que acudíamos al galeno, y éste, como saludo nos espetaba: 'A ver, saca la lengua...' +

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