Un clásico de la radio: toda una vida pegada al micro y al terreno, esperando una palmada en la espalda, un aumento de sueldo, un gesto de afecto o respeto. Y luego vas y la palmas y el mismo Paulino te regala su medalla. Cuando maldita falta te hace.
Consejera por el tercio insular, lleva cinco años sin hacer ruido, sobreviviendo a crisis y tormentas. Es discreta, leal, currante, comprometida y con carácter. Sería perfecta para lo que hace si no le hubiera tocado pasar tijera de podar al parterre ya seco y pelado de la desgracia ajena.
Si la política hace extraños compañeros de cama, este es de los más raros compadres del poder ático: independentista práctico, muñidor del voto en el Sur profundo chicharrero, con la lealtad herida y las malas pulgas de un corleone. Aún exiliado del consorcio paulino, mejor deberían guardarle un respeto.
Otro que iba para periodista, pero tropezó con el poder y la fama de la caja tonta. Practica desde entonces el equilibrio de ofrecerse a todos. Caerá. Pero será sobre red, porque es un tipo listo y guapo que sabe vender yogures y hacerse invitar a todas las bodas.
Diputada competente y belicosa, condenada por biografía a vivir las miserias de una isla menor. La marea azul la sacó del Parlamento y de Yaiza y la dejó sin más refugió que el partido. En el PSOE organiza revueltas petroleras y redacta la ponencia marco. Colgará su foto dentro.
Maestro del sofrito literario, paridor de historias sin resuello, portador de verdades de pueblo, juntaletras envidiado por grandes de la pluma: escribe novelas como quien hace calceta, y ha ganado en los libros casi tanto como que ha perdido en inventos. Cuando levanten su estatua, se meará al lado.
Mujer de rompe y rasga, el verbo más atropellado y sincero de la política isleña: iba para presidenta (adoptiva) y Soria y Alpidio la dejaron compuesta y sin pareja a las puertas del Cabildo. En el Hierro, hasta el mero sabía que el volcán que venía no sería ella.
Transitó ambos mundos -economía y poder-, y en los dos se movía cómodo y mandón. Tenía por costumbre ser siempre él mismo, aliño más propio de capitán de empresa que de Excelentísimo Señor. Se fue por sorpresa antes de cerrar su penúltima faena: dejó varado el sueño del delfín.
Palmero adoptivo, llegó funcionario y se hizo político. Gobernó el parlamento con elegancia de árbitro de tenis. Una carrera exitosa, sin fisuras ni secretos le colocó en Europa… dicen que su poderosa hermana le protege, y quizá sea cierto. Pero él ha puesto de su parte no equivocarse jamás.
Soñó una Canarias distinta: nacionalista de verdad, opositaba a prócer de una nación archipielágica y soberana, cuando tropezó (sin querer) con un libro de Estévanez y cayó de bruces en la marmita del poder ático. Le pagaron con la presidencia parlamentaria y el Senado. Ahora es un patriota jubilado.
Llegó con hambre de llegar a Número 1, pero tropezó con el Tenerife de las bolas negras, incapaz de perdonarle haber amasado una fortuna vendiendo bragas. Compró entonces un periódico, jugó a socialista y acabó de amigo de Paulino, otro exitoso acomplejado. No le va mal, aunque se queja.
Una carrera precipitada: con la ola socialista del 2007 fue diputada y alcaldesa; la ola azul del 2011 la decidió a apearse y saltar al Cabildo. Se fue sin despedirse de la nueva. Ahora anda en el Gobierno pendiente de lo verde. Es joven. Y dicen que tiene futuro.
Convidado a todas las fiestas del poder ático, pero al final siempre compuesto y sin novia a las puertas de la Casa de los Dragos. Pudo ser el ‘gallardín’ de la política chicharrera, y habría sorprendido. Vale más de lo que pagan por él. Se consuela blogueando en internet.
Crecido para la política a la vera de ATI, mandó mucho y tuvo que dar cuentas. Varias veces. En el Gobierno rompió tabúes y fue el primero en romper la omertá chicharrera señalando como golfo al golfo apandador. Ahora es patrón de empresarios y dice gratis lo que piensa.
Con Soria en Madrid, debía ser el hombre fuerte del PP canario, pero ese hombre es hoy una mujer. Mientras espera relevo, este político viejo que fue grifero antes que fraile, y compartió algunos secretos y todos los salmones, ejerce de vicetodo. Y procura pisar los menos callos posibles.
El último editor independiente. Gobernó con lealtad vicaria un tiempo de libertad y voluntad de estilo que duró tres décadas y será recordado como un instante de exotismo en la prensa regional. Tras dejar los números, regresó a las letras. Volvió con la pasión apenas herida por los años.