Esta semana tenía una ilusión especial: el viernes, 50º aniversario de la primera declaración de los derechos del niño, junto con otras dieciséis madres, escritoras noveles, presentamos un libro de cuentos que hemos escrito pensando en nuestros hijos, y cuyos beneficios económicos irán a parar a unos niños que lo necesitan más que los nuestros.
Pero hoy sólo puedo pensar en una madre de dos hijos, divorciada como yo, que busca la justicia y la libertad de su pueblo, que ha recibido premios internacionales como defensora de los derechos humanos, y que quiere regresar con los suyos. Vive muy cerca de aquí. Pero probablemente el viernes no podrá abrazar a sus hijos ni contarles un cuento. O, en su caso, contarles la verdad.
Es Aminatou Haidar, una de las personas más impresionantes que he conocido en mi vida. Estuve en su casa en El Aaiún hace unos cuatro años, la víspera de su juicio de apelación. Tomamos un té con ella en un rincón de su casa, mientras afuera la policía marroquí vigilaba nuestros movimientos y se preparaba para la brutal carga posterior a los juicios. Sus hijos, sobre todo el pequeño, no se separaba de su lado, como un gatito enroscado en sus pies, en su cuello… Ella ya estaba en libertad provisional. Pero ese niño había vivido la separación de su madre, durante su encarcelamiento preventivo y sin garantías, y durante el juicio había salido disparado de su asiento para abrazarla llorando. Ni siquiera la policía marroquí que la custodiaba ni el juez fueron capaces de reaccionar. Fue ella quien tras dos minutos de encuentro y acariciándole la cabeza le obligó, con una serenidad inolvidable, a regresar a su sitio.
Porque cada uno debe estar en su sitio. Y el suyo está en el Sahara, ese territorio tan cercano, que todos los países de la ONU reconocen como ilegalmente esquilmado por un país ocupante. No es una opción ideológica, es la legalidad internacional.
Si el viernes no ha conseguido regresar a casa, todos los responsables empañarán la celebración del aniversario de la Declaración Universal de los derechos del niño. Ésa según la cual todos los niños tienen derecho a una familia, a un nombre, a una nacionalidad, a ser protegidos en caso de conflicto, y frente a la discriminación racial, religiosa o de cualquier otra índole.
Y colorín colorado, este cuento no se ha acabado.
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Admirada Sra, ya todos le han dado las gracias y yo me sumo tambien. La escuche un dia por la radio, su nombre se me quedo en la memoria, y sus palabras me llenaron de alegria, pues me doy cuenta que somos muchos los que aun creemos que vale la pena seguir luchando, y con personas como usted me siento aun mas animada. "S u historia, es tan sencilla como desgarradora", sepa que su lucha es la de muchas gentes, y nos anima a creer que no haya nada perdido. La admiro, como admiro a esta mujer saharaui, y otras miles sin nombre que siguen luchando por la justicia en el mundo. Con todo mi respeto
Esta mujer saharaui esta dando una leccion a mas de uno a ver si Moratinos se da por aludido
muchas gracias Dª Victoria por su lección de solidaridad y respeto a los derechos de los niños y personas adultas tambien y no así otra clase de personas que tienen otros intereses economicos.
Gracias Victoria, por la defensa de Aminatau, por como lo dices, por como nos hace llegar al corazon con unas palabras lo que sentinos, las que como madres, haces que sintamos como se siente ella, como defensoras del pueblosaharaui, tambien todas somos Aminatau. Volver a decirte SUCRAN. POR UN SAHARA LIBRE YA
q vergüenza...........esa madre tiene q star con sus hijos, sea el día del niño o del mayor..............un abraza aminatau.
Conmovida con tan "bonito" cuento! Pena que aun no haya acabado!!! Gracias sra Victoria Rosell por su sensibilidad y solidariedad para con la señora Aminatou y toda la causa del Sahara . Aminatou merece todo nuestro respeto , comprension y admiracion, es una mujer muy sufrida , pero muy valiente. Por un Sahara libre! Animo y suerte para vuestras luchas señoras. Muchas Gracias, señora Victoria!