Parafraseando a Groucho Marx, Carmen Guerra llegó a las más altas cotas de la miseria partiendo de la nada. Hace unos pocos años era una líder vecinal pueblerina que no sabía hacer la o con un canuto.
Ahora, aunque sigue sin saber hacer la o con un canuto, tiene una experiencia pública parangonable a cualquier político inveterado. Menos parlamentaria regional, esta política ha sido de todo: concejal, consejera insular, senadora y diputada nacional.
Ha sido el terror de Rubalcaba cuando se ha enfrentado a él en las Cortes por cuestiones de seguridad de las que no tiene ni pajolera idea. Por eso es una política peligrosa, porque habla sin parar y sin saber un ápice de lo que habla.
Siempre arisca e irascible, se ha enfrentado a todos los que no comulgaban con sus ideas, unas ideas de las que tampoco tenía ni pajolera idea. Siempre se ha limitado a defender a pies juntillas lo que le mandaba su jefe de filas.
Soria la fichó porque antes no lo hizo ningún otro partido. Si la hubiera llamado el PSOE, sería más socialista que nadie; si la hubiese fichado CC, sería más nacionalista que nadie, y si lo hubiese hecho el Partido Verde, sería más ecologista que nadie.
Esta política bronquista, muy conocida en su casa a la hora de comer, es desconocida hasta por sus compañeros de filas. Una ignorante ignorada hasta por sus correligionarios.
El propio Fernando Fernández, ex presidente del Gobierno canario y ex eurodiputado popular, no le pone cara, según ha reconocido. Claro que eso tampoco tiene mucho mérito porque el médico Fernández tampoco sabe dónde está la sede de su partido en Tenerife.
Carmen Guerra, más que portavoz del PP en el Cabildo de Gran Canaria, ha sido hasta su dimisión la portacoz, por los frecuentes exabruptos que emite esta ex dirigente vecinal de Tamaraceite de genio altisonante. Pero lo suyo tiene mérito: salir de Firgas para llegar a la Carrera de San Jerónimo, sin bajarse en ninguna parada, no está al alcance de cualquiera.
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Nunca he votado al PP, pero con esta mujer de cargo pública no se me ocurriría jamás, ni en un futuro ficción, dar el voto a tamaña patana. Ya no es que hable fatal, sino que no dice más que tonterías. He visto a políticos-as mal hablados-as, pero por lo menos saben lo que se tienen entre manos. La Guerra hace honor a su apellido aunque la guerra no vaya con ella.
Sí, todo empezó porque organizó una "traía" de piedras, porque alguien le dijo que un buen golpe de efecto sería llevarle a Mayoral (entonces Alcalde del Ayto. LPGC) sacos con las gravas de los baches del privilegiado barrio de Lomo de los Frailes. Primero la intentó fichar la CoCa pero ella apostó a caballo ganador y se fue con el PePe; ambos partidos estaban entonces como hoy: instalados en el circo mediático. Y ella era buena pieza para el espectáculo. Hoy la capital de la isla sigue padeciendo las consecuencias del paso de esta jauría por las arcas municipales... Pero aguita que vuelven...