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Opinion
/ 4/03/2010 (18:36 h.)
A MODO DE VER Y MANERA
Los animalitos se conocen
JOSÉ A. ALEMÁN
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En los primeros momentos de la crisis preocupaba a los expertos que la situación sobrevenida acabara por afectar a la que denominaban “economía real”. Uno, ignorante en ciencia de uso tan descomedido de los números y sus decimales, pero sabedor de que nada existe sin un contrario, dio por descontado que si hay una “economía real”, tenía que haber otra “ficticia”; que sería la financiera, de la que arrancó el tsunami no me pregunten cómo. Y para colmo de recochineo se me ocurrió que la distinción consolaría a quienes iban cayendo en el paro, pues no es igual quedarte sin trabajo en la realidad que perderlo de mentirijillas; aunque el resultado sea el mismo.

Descubrí también que los economistas son excelentes vaticinadores del pasado: no tardaron en explicarnos a los legos las causas de lo que ellos no vieron venir. Lo que no reprocho a los economistas de a pie, que bastante tienen, los pobres, con esforzarse en aplicar a tanta improbabilidad la aritmética y las matemáticas reputadas de ciencias exactas. Me refiero, claro, a los instalados en organismos económicos y monetarios internacionales, en los grandes bancos y compañías, que tampoco advirtieron la que empezaba a caer sin que eso les impida ahora imponer o recomendar a los gobiernos las medidas para salir de la situación que ellos no supieron evitar. Irrita que sigan tan campantes y que quieran cargar el desastre sobre los trabajadores a los que pretenden recortarle derechos, cotas de bienestar y perspectivas de futuro; mientras, siguen en lo suyo los altos ejecutivos responsables directos de la catástrofe y los políticos que por acción u omisión les dejaron hacer. A éstos nadie los molesta. Será porque al alcanzar la crisis a la “economía real” no repararon en que las ficciones del cine y de la literatura siempre acaban con los sabios locos pagando por los daños que causan al írseles de las manos los monstruos que han creado.

La monstruosidad en el caso que ahora nos ocupa es empresarial. Habrán visto el denuedo con que buscan algunos aprovechar el río revuelto para pescar ventajas. La mayoría, relacionadas con reducciones de sueldos, salarios, pensiones y contribuciones a la Seguridad Social. Las propuestas del inefable Díaz Ferrán, presidente de la CEOE, son el ejemplo sublimado de un tipo de empresario al que conviene echar de comer aparte y salir corriendo.

Habló, el hombre, de contratos con despido más ágil y barato, una rebaja de las cotizaciones sociales, menor control judicial y administrativo de los despidos colectivos, etcétera. Para los jóvenes recomendó un “contrato adecuado”, o sea, temporal, de sueldo bajo, sin coste de despido ni cotizaciones y sin derecho a prestaciones de desempleo.

Es cierto que retiró su propuesta de contratación de jóvenes, pero el mero hecho de haberla formulado indica una mentalidad unos cuantos años anterior a la primera revolución industrial. Es evidente que para él los trabajadores son el enemigo a abatir y los ve como un simple coste. No considera que el éxito de la empresa depende de la calidad de ese personal al que invita, de hecho, a no prepararse, a no mejorar en el trabajo que realiza y todas esas cosas consideradas inútiles que permiten la mejor realización de los objetivos de la empresa. Que no se alcanzan con salarios justos para matar el hambre, que parecen ser su sueño.

Me pregunto hasta qué punto no será esa mentalidad de Ferrám el origen de sus tribulaciones empresariales. Y debería preocuparnos que no sea una excepción dado porque, a pesar de todos los pesares, los empresarios lo confirmaron en la presidencia de la CEOE y es fama que los animalitos se conocen.

Dicen que toda crisis abre posibilidades de futuro. En mi ingenuidad olvidé que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra y pensé que expresaban voluntad de aprender de los errores para no volver a cometerlos y darle bases más sólidas al sistema; pero me da que para Ferrán esas posibilidades son las de lo que Naomi Klein llama el “capitalismo del desastre”, ése que aguarda como agua de mayo a los grandes shocks sociales, a las catástrofes, para sacarles partido sin que el sufrimiento humano figure como dato. Una versión celtibérica del ultraliberalismo de Milton Friedman con su retorcida equivalencia política en el mientras peor, mejor, de amplia aplicación entre nosotros.

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22:44 h. - 7/03/2010
De:
Medina de Tenerife

Sí ha habido economistas que veían venir la crisis y explicaran el motivo. Lo que pasa es que tú lees a los mismos de siempre y te crees muy listo. Piensas que el marxismo es cosa de nostálgicos y ni te preocupas por leer algo que no sea el cotilleo de la prensa dominante. Sabes que resulta más confortable no complicarse la vida leyendo a rojos castro-chavistas, que si no publican en El País es porque no tienen méritos suficientes. Y vas de listo hablando del bien y del mal sin mojarte, porque en el fondo eres un profundo ignorante satisfecho de haberte conocido.

14:53 h. - 7/03/2010
De:
cazafantasmas

... de un mismo sistema productivo y de consumo. O remodelarse o asumir otra vez con todas sus consecuencias salvajes represiones para mantener el llamado orden social. Los neoliberales más lúcidos apuestan por la búsqueda de un desarrollo menos desigual, porque, de lo contrario, auguran catástrofes a la altura del catastrofismo de los “marianos” más catastrofistas. Los más inconscientes, los pijoliberales, reprochan a los autocríticos poco menos que ser el quintacolumnismo de un modelo obsoleto. La izquierda real, la irreal y los sindicatos, deben exigir un lugar en el mundo para todo el mundo

14:46 h. - 7/03/2010
De:
cazafantasmas

Los países que llegamos tarde al Gran Mercado del Mundo sufrimos un triple desajuste: 1) desubicación 2) dureza de sus oligarquías para mantener su capacidad de acumulación y 3) retraso de los mínimos asistenciales que exige la cacareada modernidad. Por la vía de la alianza militarismo-neoliberalismo, es decir, Pinochet + Friedman, sólo se consiguió acentuar las distancias sociales entre la población emergente y la sumergida. El Gran Mercado del Mundo no tendrá más remedio que remodelarse, si es tan inteligente como dicen, para permitir la transformación que ubique a los pobres dentro...

13:15 h. - 7/03/2010
De:

Resueltas las dudas mundanas que ahogan a espíritus ignorantes (Krugman ó Roubini como ejemplos de ignorante "clónicos de Friedman"-Baja Dios y vélo-.) tocaba ahora resolver las dudas metafísicas de otro plumazo.Lo dicho: La cosa es poder sentar cátedra de cualquier cosa sin tener ni puta idea de nada.

04:29 h. - 7/03/2010
De:
hell

Los mismos del caso de las Teresitas son igual que las chapuzas del Pto. Granadilla y tambien de los de fuera de Ordenacion. Los cuatro zatrapas con dinero que fastidian a todos los demas con oscuros negocios jodiendo a todos los canarios.

22:55 h. - 6/03/2010
De:
cazafantasmas

... le viene de un ser irreal que nadie conoce llamado Dios ¿cabe mayor mezcla de realidad y ficción? Hay niños que mueren de manera real por un mandato irreal que prohíbe las transfusión de sangre. Por eso nunca se nombra cirujano a un testigo de Jehová y por eso la medicina avanza más que la economía porque se nombran economistas a sujetos que son como una especie de testigos de don Milton que en paz descanse.

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