Repasando la hemeroteca podemos comprobar que el Debate sobre el Estado de la Nación se ha convertido en una cita anual con una gran obra de teatro que se representa en el Congreso de los Diputados. El debate lo puso en marcha Felipe González en 1983, al año siguiente de su primera victoria electoral. El político sevillano no se inventó nada, se limitó a importar lo que sucede en otros países europeos y en Estados Unidos. El de ayer fue el número 21. No hay debate los años de elecciones, porque en esos años la obra teatral se representa en las sesiones de investidura.
El año pasado el debate fue entre el 12 y el 14 de mayo. El PSOE lo puso antes de las elecciones europeas del 7 de junio, Mariano Rajoy protestó porque prefería esperar a la celebración de una cita electoral que según las encuestas (que se cumplieron) iba a ganar el PP. Este año pusieron el debate justo después del Mundial porque sabían que si lo celebraban en el mes de la cita en Sudáfrica nadie hablaría de ellos. Las fechas de una obra de teatro son importantes, porque según los ánimos del público se aplaude más o menos a los actores.
Pongan la fecha que pongan, este tipo de debates anuales son cada año más de lo mismo, causan cada vez menos expectación. Parece que se copian los discursos de los años anteriores y, a veces, de otras legislaturas. Rajoy ha sustituido el váyase señor González de Aznar por el “convoque usted elecciones”. Los catalanes hablaban el año pasado de la financiación (la pela es la pela), y ahora hablan del encaje del estatuto, que también es financiación. El año pasado Paulino Rivero decía que lo dicho por ZP era insuficiente, y el presidente del gobierno sacó de su chistera el anuncio un plan integral para Canarias (perras para los ultraperiféricos) que se aprobaría a final del año, este año Ana Oramas le preguntará por ese plan.
Veintiún años después del primer Debate de la Nación el modelo sigue siendo el mismo y favorece al gobierno, que tiene el tiempo sin límites. Al final lo que queda son las encuestas que publica cada periódico, según sea la línea editorial esa encuesta la ganará el presidente o el líder de la oposición. En las encuestas del CIS suele ganar el presidente del gobierno. El año pasado el 37,6% de los encuestados por el CIS dieron la victoria a Zapatero, frente al 14,4% que vieron ganador a Rajoy. El 29.3% consideró que no lo ganó ninguno de los dos. En las encuestas del CIS Zapatero ha ganado todos los debates a Rajoy, igual que Aznar ganaba los debates a Zapatero , según el CIS, incluso en 2003 Aznar le sacó una ventaja de 37,6 puntos.
¿Para qué sirve el Debate de la Nación? En España sirve para consolidar el modelo bipartista, propio también de las democracias occidentales: socialdemócratas y conservadores en España, laboristas y liberales en Gran Bretaña, republicanos y demócratas en USA. Lo demás es calderilla. Los grandes medios se vuelcan en el cara a cara del presidente del gobierno y el líder de la oposición. Luego en diferentes comunidades autónomas se da importancia también a sus partidos locales que en unos casos como Cataluña son nacionalistas y cuestionan las relaciones con el estado, y en el caso de Canarias son regionalistas y se centran en “chacho, dame perras para hacer unas carreteras o para construir un puerto”, algo que es, como ustedes saben, muy ideológico.
Como ven se puede escribir un artículo de opinión sobre el Debate del estado de la Nación sin hablar de lo que se dijo ayer en el Congreso de los Diputados. Se trata de mi venganza personal contra esos señores y señoras que esta semana actúan en el escenario de la carrera de San Jerónimo, ellos representan una obra de teatro, no protagonizan un debate. Como no soy crítico de teatro, me niego a comentar sus actuaciones.
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Hace años que no sigo este tipo de debates, me hastían, al principio me los bebía. Ahora me basta ver los resúmenes en prensa, radio y televisión, en medios de mi confianza, que no son El Mundo, Abc, La Razón, ni la Cope, ni Intereconomía. Según lo que se lea, escuche, o se vea y escuche, el ganador será Rajoy o Zapatero, y por supuesto, en aquellos medios en los que no confío el ganador es Rajoy, y en los otros Zapatero, aunque con matizaciones de los más objetivas. Yo me quedo con la explicación que anoche le escuché a Iñaki Gabilondo, que utilizó el símil boxístico (una de mis aficiones de juventud) del combate nulo, que cuando está en juego la disputa de un título y el combate se declara nulo, de hecho lo gana el que ponía en juego el título, quien por no perder sigue siendo el campeón. Pues algo parecido le pasa a Rajoy, quien como mucho aspira a hacer combate nulo, nunca a ganar, y por eso de hecho siempre pierde. Que es que creo volverá a suceder en las próximas elecciones generales, por que no se puede sólo esperar a que las cosas vayan mal para todos y él salir beneficiado. Zapatero hace cosas, toma decisiones, lucha, corre riesgos, y eso el pueblo lo valora al votar.