En los tiempos que corren hay una justificada hipersensibilidad ante la pérdida de puestos de trabajo. Que un empresario de la envergadura de Santana Cazorla, con un grupo empresarial importante en Canarias y fuera de las islas, amenace con amortizar 800 empleos si no se le otorga una concesión para un muelle deportivo, es ciertamente un hecho de relevancia pública. Y es lógico que ante la alarma que genera una amenaza así, muchos cierren filas en torno a ese empresario. Lo que no tiene pase alguno es que, aprovechando un retraso cierto del Gobierno de Canarias en conceder autorizaciones de este tipo y ante la aún inconclusa planificación territorial insular, la empresa cuele un plan de reconversión laboral que afectaría ciertamente a unos 300 trabajadores. Pero no por la crisis que pudiera padecer la empresa, que no va ahora a cargarse a los empleados que sostienen sus complejos de multipropiedad, sus hoteles y sus servicios, sino por la necesidad de hacer una modificación en las relaciones laborales de una de sus empresas que ya son conocidas por la UGT y por el Cabildo grancanario. La tercera mentira es, por tanto, la ocultación de las verdaderas intenciones de la empresa.
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El chantage es un delito.
Su estrategia por tanto, crear alarma social, con el gran titular de la pérdida de 800 empleos. Mentira, el 50% de los empleos no constituyen ni de lejos 800 empleos. Campaña orquestada a todas luces para no verse obligado a vender y poder así construir lo que tiene previsto, que realmente es la parte del negocio que le interesa, la construcción. Se ve presionado por los noruegos que tienen el dinero y sobre todo las ganas de continuar con el proyecto ideado por el Sr. Lyng.
Santana Cazorla en lo que va de año ya ha despedido a unos 30 empleados. El año pasado despidió a otros tantos. Esto por parte de la empresa que corresponde al Grupo Anfi, Por lo que habria que sumar los que dependen directamente del Grupo Santana Cazorla. Las verdaderas intenciones, no vender su parte de la empresa a Anfi Internacional BV (Familia Lyng) que está más que dispuesta a compra. Una de las condiciones que solicita Santana Cazorla para la venta es tener la construcción de toda la infraestructura prevista. A lo que, obviamente, se niegan los noruegos.