No todas las iniciativas de Domingo Berriel, consejero de Medio Ambiente del Gobierno de Canarias, iban a ser descabelladas. De vez en cuando el hombre tiene un rapto de genialidad y propone cosas interesantes, al menos para abrir un debate y estudiarlas. Este jueves, en sede parlamentaria, sugirió la posibilidad de proceder a la búsqueda de acuerdos con los propietarios de Alegranza, una vez el Tribunal Superior de Justicia de Canarias ha echado por tierra las limitaciones que el Gobierno impuso para los usos de ese islote del Archipiélago Chinijo. Como solución complementaria, este medio consejero del cuarto de ambiente que nos queda aventuró la salida de la expropiación, pero, eso sí, pagada por el Estado a través de la Dirección General de Costas. La idea es genial porque podría servir de precedente para, por el mismo procedimiento, mantener para el uso público y ciudadano el Islote del Francés, en la muy castigada y corrompida isla de Lanzarote. Que alguien lo comente con Reguera, antes de que se meta en un lío tremendo.
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Creo que lo único que procede aquí, llegado a este nivel de desatinos, es que le expropien el cerebro al concejero Berriel o que le trasplanten el de una cabra a ver si coje tino.
Pues yo he encontrado más. Por ejemplo la Ley de Medidas Urgentes que corrige el disparate legislativo de las normas del Taliban Garcia Marquez. Lejos de hacer daño al suelo rustico, lo beneficia posibilitando que se puedan realizar las actividadse propias de ese tipo de suelo.